jueves, 3 de marzo de 2016

No es no: particular campaña contra el abuso sexual


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No es no: particular campaña contra el abuso sexual

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Una anécdota y tres pequeños videos que son parte de una campaña de concientización sobre la cultura de la violación, sirven de ejemplo para entender y nunca suponer. Cuando alguien se niega, se respeta y no se insiste.

Estaba en un bar cuando un chico se me acercó y me preguntó si quería charlar con él. No fue muy educado ni agradable ya que me abordó de golpe, me agarró de la cintura y me habló muy cerca.

- ¿Querés que hablemos, linda?
- No, gracias.
- Pero dale.
- No. Muchas gracias pero no.
- Las chicas dicen que no cuando en realidad quieren decir que sí, se sabe. Dale.
Mientras intentaba soltarme me broté de bronca y le dije de todo menos cosas lindas. El pibe se resistió un poco y mi miedo aumentó, hasta que llegó una amiga, recién ahí todo se calmó un poco y se fue. Esa noche me quedó dando vueltas en la cabeza la tremenda frase que el muchacho daba como real e irrefutable “Las chicas dicen que no cuando en realidad quieren decir que sí”. Así se lo enseñaron.
Es que claro. Cómo no van a pensar eso si nos crían de esa manera. Si una chica quiere decir que sí, primero tiene que decir que no, para que la respeten y que nadie piense que, en realidad, no es virgen y no es pura, le gusta el placer. Y los tipos se hacen lío y todo es difícil porque, ¡cómo le explicás! Si él creé que somos histéricas por definición y no sabe distinguir cuando un no es un sí y cuando un no es un no.
La frase es tan simple que parece un chiste o una subestimación al público. Pero es tan real como necesaria y se debe repetir una y mil veces hasta que el grueso de la sociedad entienda que, ante la duda, SIEMPRE, un no es un no. Acá, allá y en donde sea. Cuando no hay consentimiento, no hay acción.
Esta genial campaña de Project Consent, una iniciativa fundada en 2014 que lucha contra la cultura de la violación, se lanzó al mercado para concientizar y barrer con esa repetida frase que pone en riesgo la integridad física y mental de muchas mujeres.
“Lo estaba buscando”. “Iba provocando”. “Me besó, seguro que quería algo más”. “Es solo un piropo… no te ofendas”. Frases como esta se escuchan todo el tiempo y perpetúan esta forma de violencia. Para quien no lo sepa, cultura de la violación es el término utilizado para describir la normalización de la violencia sexual en nuestra sociedad. En estos tres vídeos realizados por la productora Park/TBWA, explican brevemente qué es el consentimiento, entendido como el primer paso para luchar contra la cultura de la violación.

miércoles, 13 de enero de 2016

violencia intrafamiliar

Violencia intrafamiliar 


Suenan las campañas de la iglesia del pueblo de San Cristóbal, es domingo por la mañana y Paquito sabe que es hora de trabajar.

Paquito es un niño de 7 años, de tes morena y cabello crespo que lo identifica de otros niños.

Un niño que la gente del pueblo lo identifica fácilmente por su simpatía y habilidad para vender los alhajeros, collares y pulseras de chaquira que su mama, Doña Silvia
hace todas las tardes.

-toma tu pan con café Paquito y ve a vender afuera del mercado y te vas hasta llegar a la plaza, yo estaré por el quiosco- dijo su mama apurada y preparando a sus otros 5 hijos que peleaban por el mismo pan.

-¡niños! cállense van a despertar a su papa- dijo la mama en tono bajo pero firme.

A cada uno le asignó un lugar donde vender para irse turnando según sus ventas, ella se iría con las dos niñas más chicas una de brazos y otra de tres años. Los cuatro varoncitos irían solos puesto que eran más grandes.

-nos vemos a las tres en el quiosco para que se hagan un taco y me den el dinero de lo que vendan, y tu paquito no te gastes nada en dulces, entendiste niño?-

-Si mama- dijo paquito no muy convencido.

-Dios bendito y misericordioso cuida de mis niños- persignandolos y dándoles su beso en la frente, cada uno de los cuatro niños fueron saliendo de la casita humilde que su madre finada le había dejado.

Doña Silvia amaba a sus hijos a pesar de su desdicha.

Salieron los cuatro niños a trabajar cargando sus morrales con unos cuantos alhajeros, collares y pulseras en el brazo.

El padre de paquito, Don Carlos aún dormía, tenía la costumbre de llegar tarde y borracho a casa  o simplemente no llegar, y cuando estaba sobrio se la pasaba mal humorado debido a que no encontraba el trabajo que el quería.

Al momento en que los niños se fueron, Don Carlos despertó.

-¡Silvia! Mujer donde te has metido, tengo hambre, dame de comer-

-Te voy a dar los chilaquiles que te guarde de ayer con frijoles y café de olla- 

Dijo doña Silvia dejando a la bebe en la cama con su otra hija Claudia.

Don Carlos se paró de la cama con un fuerte dolor de cabeza y fue a la mesita a sentarse para comer.

-Dame dinero, todo lo que tengas estoy haciendo un negocio con mi compadre, voy a ganar mucho dinero- 

-Es temporada baja Carlos, los niños no han vendido casi nada y el material se me esta acabando y tu hace meses no me das un quinto y la bebe ha estado malita, hay que llevarla al doctor-

En lo que comía y al escuchar lo que su mujer le decía, se enardeció tanto  que se paró y tomo del brazo a su mujer apretándola y jalandola con mucho coraje y gritándole en la cara

-¿Crees que para mi es fácil? Estoy consiguiendo trabajo, ¿no entiendes?-
En eso Claudia su hija, espantada se puso a llorar mientras su padre arrinconaba a Silvia jaloneandola y golpeando la pared con su puño cerrado varias veces.

-mejor me largo- dijo muy enojado tomando el monedero del delantal de Silvia, sacó los pocos billetes que tenía y le aventó el monedero al suelo.

Silvia no hizo otra cosa más que llorar, estaba muy asustada por las últimas golpizas que Carlos le daba sin razón alguna, aparte de los insultos que le decía con respecto a su persona, estaba sola, su madre había muerto pocos años atrás, y su padre la abandono siendo ella muy pequeña y con tanto trabajo, la casa y los hijos Silvia se olvido de ella misma. 

-No tengo otra alternativa, no quiero estar sola y mis hijos necesitan un padre- decía mientras abrazaba a Claudia para calmarla y secar sus lágrimas, la bebita estaba dormida. 

-lo amo, debo estar loca- dijo Silvia cuándo termino de llorar y lamentarse, salió de la casa para trabajar en el quiosco de la placita, donde vería a sus hijos.

-Paquito, paquito! Ven vamos a jugar un partidito de fucho, anda mi amigo, luego vendes esas cosas de tu mama, ni te va a ver, además ya a todo el pueblo le vendiste uno-dijo su amigo Marcos.

-sale amigo, te voy a ganar como siempre- dijo Paquito dejando su morral y los collares en el suelo.

Paquito siendo un niño de 7 años se olvido del trabajo para jugar brincar gritar y correr como cualquier niño de su edad.

-¡Empate Paquito! ni tu ni yo, que buen partido- dijo Marcos limpiándose el sudor de la cara con su camiseta.

-¡si, muy bueno! - dijo Paquito caminando a la banqueta por su morral, y cual sería su sorpresa, el morral los collares y las pulseras ya no estaban.

Paquito corrió de un lado a otro buscado su morral y al no verlo, empezó a llorar, no fue al quiosco donde lo esperaba su mama y sus demás hermanos, ya había pasado la hora de verse y comenzaba a oscurecer.

Decidió regresar a su casa ya estaban todos en casa incluyendo su padre.

En cuanto entró ya lo estaba esperando su padre con el cinturón, aquella noche nunca la olvidaría Paquito, su padre lo golpeo tanto que perdió la conciencia.

Una vecina que escucho los gritos de los demás niños y la gran discusión le hablo a una patrulla para dar aviso a las autoridades del asunto.

La vecina aconsejo a Doña Silvia de demandar a su esposo por violencia familiar y le aconsejó buscar ayuda psicológica.

Silvia así lo hizo y aún que ha sido muy difícil para ella, ha sabido salir adelante sola con sus hijos.

A Don Carlos lo metieron a la cárcel por hacer negocios turbios con su compadre.

martes, 12 de enero de 2016

Nuestra tarea: combatir el abuso Sexual infantil"



martes, 3 de noviembre de 2015